El uso prolongado de celulares y otros dispositivos digitales entre niñas y niños genera preocupación por sus posibles efectos en el desarrollo cognitivo, emocional y social. De acuerdo con la información difundida por especialistas, la exposición excesiva a pantallas desde edades tempranas puede relacionarse con dificultades de atención, problemas de sueño, retrasos en el lenguaje y menor interacción presencial.
La infancia requiere estímulos del entorno real para fortalecer habilidades cognitivas y sociales. La sobreexposición a contenidos digitales con cambios rápidos de imágenes y sonidos puede reducir la capacidad de concentración y favorecer una menor tolerancia a la frustración, mientras que el tiempo excesivo frente a dispositivos también limita actividades físicas, juegos y convivencia familiar.
Entre los principales efectos asociados al uso desmedido de pantallas se encuentran dificultades para desarrollar el lenguaje, irritabilidad ante la restricción del celular, problemas para establecer relaciones sociales y alteraciones en los ciclos de descanso. También se señalan posibles consecuencias físicas, como fatiga visual y mayor riesgo de sedentarismo.
Ante este panorama, especialistas y educadores llaman a las familias a establecer límites claros para el uso de dispositivos y a priorizar actividades que favorezcan la convivencia directa. El juego, la actividad física, la comunicación cara a cara y la supervisión de madres y padres son alternativas que pueden ayudar a mantener un equilibrio entre la tecnología y las necesidades del desarrollo infantil.
