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Curso piloto Semilla y Espíritu: formación espiritual, ecología integral y vinculación con la tierra tseltal maya

Estudiantes y docentes de la IBERO Puebla, la IBERO Ciudad de México y el ITESO, junto a integrantes del Centro de Armonía y Buen Vivir y de la Misión Jesuita de Bachajón, participaron en el primer curso de Semilla y Espíritu, celebrado en Bachajón y Chilón, Chiapas como un esfuerzo de interconexión, consciencia y unión desde cualquier contexto.
La experiencia de aprendizaje se articuló en tres ejes principales: espiritualidad, ecología integral y diálogo de saberes, con el propósito de fortalecer el vínculo espiritual, ecológico y comunitario de jóvenes indígenas y universitarios a través de prácticas agroecológicas, saberes ancestrales, espiritualidad y fundamentos científicos, desde el enfoque de la ecología integral.
A lo largo de la experiencia, se desarrollaron diversas actividades de cada eje. En espiritualidad, se celebró la ceremonia de la Santa Cruz y misas en las comunidades de Tiaquil y Ts’olja’ (Chilón), la realización de un ofrendario maya y la participación en un temazcal. En ecología integral, las y los participantes colaboraron en la siembra y trabajo de la tierra en el predio de la misión jesuita, visitaron el vivero de Ts’olja así como las ruinas de Toniná y Palenque.
El diálogo de saberes con la comunidad de Tiaquil giró en torno a las tradiciones en la siembra y la alimentación, mientras que en Ts’olja’ se compartió la elaboración del pan con la cooperativa de mujeres. Al final de cada día, el grupo realizó una cosecha colectiva para reflexionar sobre las experiencias vividas.
Las y los estudiantes coincidieron en que la vivencia les permitió conectar la teoría con la realidad de las comunidades y regresar con más consciencia de su entorno. Aura Flores Vega y Carlos Rodríguez Gutiérrez, estudiantes de Psicología, compartieron que Semilla y Espíritu “fue un acercamiento a la cosmovivencia de las comunidades que reconocen a la madre tierra como un todo y, por ende, a nosotres como parte de ese todo; es una invitación a construir cuidados a partir de esta visión”.
De igual manera, compartieron: “Esta experiencia permitió integrar la relación con el medioambiente en la espiritualidad ignaciana, pues de vez en cuando se le excluye a la madre naturaleza del cuidado y la espiritualidad. Considero indispensable que esta experiencia sea incluida en la pedagogía ignaciana para despertar la libertad para amar en los estudiantes e integrar el buen vivir, que nos enseñan las comunidades tzeltales, en nuestra cura personalis”.
La experiencia funcionó como un recordatorio e inspiración de que es posible generar cambios: “Esta experiencia nos inspira a ser personas comprometidas y conscientes con el cuidado de la madre tierra”, compartió Margarita Trejo López, estudiante de Psicología.
Por otro lado, Andrea Mondragón López, estudiante de Nutrición y Ciencia de los Alimentos, comentó: “Semilla y Espíritu fue mi primer acercamiento a una experiencia que conecta la espiritualidad, la apreciación de la madre tierra y la conexión con la comunidad, por lo que lo volvería a vivir”.
Finalmente, Julieta Palma Ruiz, académica de tiempo del Área de Servicio Social que acompañó al grupo en esta experiencia, da cuenta de que encuentros así “mueven a las y los estudiantes a conocerse a ellas y ellos mismos, a respetar la cultura y la tierra; y sobre todo a buscar un lugar más justo, bondadoso y en armonía”, por lo que considera importante que el curso se continúe y sea vivido por más estudiantes y docentes de la comunidad del SUJ.

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