Aunque no podemos verlo, una fuerza invisible influye en algunos de los fenómenos naturales más importantes del planeta: el efecto Coriolis, un movimiento provocado por la rotación constante de la Tierra que determina la trayectoria de huracanes, borrascas y corrientes oceánicas.
Nuestro planeta gira sobre su eje cada 24 horas y, aunque los seres humanos no percibimos ese desplazamiento, todo lo que se mueve sobre la superficie terrestre está condicionado por esa rotación.
El efecto Coriolis ocurre porque los objetos que recorren grandes distancias, como masas de aire, tormentas o corrientes marinas, avanzan sobre una Tierra que continúa girando. Por eso, desde nuestro punto de vista, sus trayectorias parecen desviarse.
Este fenómeno es clave para entender la formación de los huracanes. Cuando el aire caliente asciende y genera una zona de baja presión, el aire alrededor intenta ocupar ese espacio, pero la rotación terrestre modifica su movimiento y comienza a crear una circulación en espiral.
En el hemisferio norte, los huracanes giran en sentido contrario a las agujas del reloj, mientras que en el hemisferio sur lo hacen en sentido horario.
Gracias al efecto Coriolis, estos grandes sistemas atmosféricos adquieren la estructura característica que observamos desde el espacio y se convierten en uno de los ejemplos más claros de cómo la dinámica de la Tierra influye en el clima del planeta.
