En San Pedro Huamelula, se realizó la ancestral boda entre la princesa lagarto y la autoridad municipal, encabezada en este año por el presidente municipal Daniel Gutiérrez Peña.
La festividad se llevó a cabo en el cierre de las fiestas en honor a su santo patrón San Pedro Apostol, ceremonia que representa la unión entre dos pueblos, la princesa lagarto encarna a los ikoots o mareños y simboliza a la madre tierra, mientras que el presidente municipal representa al reino chontal.
En esta localidad, ubicada en la región de la Costa año con año, el alcalde en turno se casa con la niña lagarto, cuyo nombre cambia año con año y que en este 2026 se nombró, Ana Cinthia Ramírez Ahumada; de acuerdo Hugo Lenin González García, integrante de los mareños quienes presentan a la lagarta, esta proviene de San Mateo del Mar.
La novia llegó a esta municipalidad tras viajar por las playas del Istmo de Tehuantepec y subió por el río, encontrándose con el rey chontal, tras lo cual se enamoran y unen a las dos culturas, los chontales y los huaves, tradición con más de 500 años.
Los pobladores de ambos reinos se unen en una fiesta que los hermana, quienes bailan y comparten alimentos que han preparado exprofeso para esta celebración.
Se realizan recorridos y danzas que forman parte de un ritual ancestral, en donde se sella la unión en busca de la prosperidad, la suma de esfuerzos y la amistad.
La princesa lagarto no solo es un reptil vestido de novia, a la tierra que alimenta, al agua que permite sembrar y a la abundancia que esperan recibir durante el siguiente ciclo.
La boda no es entendida por sus habitantes como una ocurrencia o una representación aislada, sino como parte de la memoria comunitaria y de la relación que el pueblo mantiene con la tierra, el agua y los ciclos agrícolas.
La celebración es parte inherente de estas comunidades, quienes dan muestra de su ideología, de las tradiciones que han permanecido a pesar del avance de los tiempos.
