Las personas LGBTIQ+ siguen enfrentando barreras para acceder a servicios de salud de calidad, oportunidades educativas, empleos dignos, espacios seguros, mecanismos efectivos de protección. Estas desigualdades no solo vulneran derechos humanos, también representan una pérdida para el desarrollo del país, afirmó Daniel Vargas, representante residente adjunto del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en México.
El organismo presentó hoy el primer índice de Inclusión LGBTIQ+ del país, una herramienta que mide el grado de inclusión de las personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex en cinco dimensiones del desarrollo humano: educación, salud, bienestar económico, participación política y cívica, y seguridad personal y violencia.
El Índice indica que el país registró un puntaje global de 0.64 en una escala de 0 a 1, donde los valores cercanos a 1 indican mayores niveles de inclusión. El resultado refleja avances sustantivos en el reconocimiento formal de derechos, particularmente en participación política y cívica (0.84) y salud (0.75), junto con desafíos estructurales persistentes en seguridad personal y violencia (0.43) y educación (0.48).
Para Daniel Vargas cuando una persona abandona la escuela por discriminación, pierde su empleo por su orientación sexual o identidad de género, evita acudir a un servicio de salud por miedo al rechazo o cuando vive bajo la amenaza constante de la violencia, no solo se afecta su proyecto de vida, perdemos todas como sociedad.
Por ello, dijo que para el PNUD, la inclusión de las personas LGBTIQ+ no constituye una agenda sectorial ni una causa aislada. Es una condición indispensable para alcanzar un desarrollo humano sostenible.