Con más de 25 años dedicados a la elaboración de textiles tradicionales, Irene Hernández Sánchez se ha convertido en el rostro de un grupo de diez artesanas de Zinacantán que luchan por preservar una de las expresiones culturales más representativas de los Altos de Chiapas. Entre blusas de telar de cintura, chales, cojines, caminos de mesa y bordados hechos a mano, Irene ha encontrado no solo una forma de sustento, sino también una herencia que refleja la identidad de su comunidad.
Actualmente representa a sus compañeras en la búsqueda de espacios de comercialización que permitan acercar estas piezas artesanales a nuevos compradores.
Aunque los costos de los materiales, especialmente los hilos, han aumentado, las artesanas han procurado mantener sus precios para no perder clientes.
Para enfrentar esta situación, han diversificado su producción con pulseras, aretes y bolsitas artesanales, mientras aprovechan espacios para exhibir y vender sus productos. Para Irene, la artesanía es la principal fuente de ingresos que le ha permitido sostener a su familia y apoyar a otras mujeres de Zinacantán que mantienen viva una tradición transmitida de generación en generación.
