Aunque hay mujeres que buscan construir una familia y un matrimonio en la confianza y el apoyo mutuo, en ocasiones el aspirar al éxito las condena a que todo termine en cenizas, estudios sugieren que los hombres no disfrutan ver triunfar a sus parejas de sexo femenino.
Esta dinámica suele originarse por inseguridad personal, miedo a perder el control y roles de género tradicionales. Cuando un hombre se siente amenazado por el éxito de su esposa, a menudo refleja una falta de autoestima o una concepción anticuada de su propio valor como proveedor.
Fragilidad en el ego en muchos hombres son educados para creer que deben ser el miembro más exitoso o proveedor principal de la familia. Si su esposa los supera profesional o académicamente, pueden interpretar erróneamente su éxito como un fracaso personal.
Por su parte, la dinámica de control anula la autonomía de la mujer, haciéndola dudar de su propio juicio y atrapándola en un ciclo de dependencia emocional.
Un hombre controlador afecta profundamente a la mujer, generando un desgaste emocional severo.
Provoca ansiedad, estrés crónico, aislamiento social y una pérdida drástica de la autoestima.
Como consecuencia el hombre incluso puede ejercer poder, control y dominio sobre la mujer violentando físicamente.
Este tipo de violencia puede adoptar muchas formas, entre ellas, el abuso emocional, sexual y físico, el acecho y las amenazas de abuso.
