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El gabán de lana, es la identidad de Charapan

Charapan, Mich.- 05 junio de 2026.- El gabán, es una de las prendas más emblemáticas de la indumentaria tradicional mexicana, especialmente en las zonas frías de la sierra. Su origen, es un fascinante ejemplo de sincretismo cultural, donde se mezclaron las técnicas textiles prehispánicas con las necesidades.

Antes de la invasión de los españoles, los pueblos originarios de Michoacán y México, ya utilizaban prendas similares para cubrirse del frío. La base del gabán, es el tilmatli (o tilma), una manta rectangular que se anudaba al hombro.

Estas tilmas, se fabricaban con fibras de ixtle (maguey), algodón o incluso plumas y pelo de conejo. Era una pieza tejida en telar de cintura que servía tanto de abrigo como de símbolo de estatus social.

Con la llegada de los españoles, en el siglo XVI, ocurrieron dos cambios fundamentales, que dieron vida al gabán, tal como lo conocemos.

Los españoles, reprodujeron las ovejas, por lo que la lana resultó ser un material mucho más cálido y resistente que las fibras vegetales para el clima de montaña.

Mientras que el telar de pedal, herramienta fundamental que permitió tejer piezas mucho más grandes, pesadas y tupidas, en comparación con el telar de cintura tradicional.

Ahora bien, pero cuál es la diferencia entre gabán, poncho y zarape. Aunque a menudo se confunden, tienen matices distintos, veamos.

El poncho, es el término más general en toda Latinoamérica (especialmente en los Andes), para una manta con una abertura central para la cabeza. El Zarape, suele ser más decorativo, colorido y de tejido más fino (famoso en Saltillo).

Mientras que el gabán, que es la artesanía que nos ocupa, se distingue por ser una prenda de uso rudo y cotidiano. Generalmente es de lana gruesa, más corto que un zarape y diseñado específicamente para las labores del campo y el clima serrano.

En regiones, como la Meseta Purhépecha, en Michoacán, el gabán adquirió una identidad propia. Se convirtió en una pieza maestra de la artesanía local.

Existen diversidad de diseños, depende del artesano que lo elabora o de quien lo manda hacer, la mayoría suelen incluir, grecas y figuras geométricas, principalmente que representan la cosmogonía indígena.

Los colores, en la mayoría, son naturales. Tonos obtenidos del café, negro y blanco natural de la lana, o teñidos con pigmentos orgánicos como el añil o la cochinilla grana.

Un dato curioso, el nombre “gabán”, proviene del árabe qabā’, que pasó al español para designar una prenda exterior con mangas o aberturas. En México, la palabra se adaptó para describir esta pieza rectangular que hoy, es orgullo de comunidades como Charapan, Angahuan y otras de la Meseta Purhépecha.

En resumen, si estás en esta zona, un gabán es ese “poncho” de lana artesanal que te quita el frío más intenso.

El gabán, vendría siendo una variante del poncho o zarape. Es una pieza rectangular, de tejido grueso con una abertura en el centro (bocamanga) para introducir la cabeza.

Casi siempre, está hecho de lana de borrego tejida en telar de pedal o de cintura.

A diferencia del zarape de gala (que es más ligero y colorido), el gabán es una prenda de trabajo y uso diario. Es pesado y tupido para que el agua de la lluvia no penetre fácilmente y para conservar el calor en climas de la sierra.

Es una pieza clave de la indumentaria en Michoacán. Los diseños suelen llevar figuras geométricas o grecas que identifican a la comunidad que lo fabricó.

La elaboración de un gabán de lana, es un proceso artesanal que requiere semanas de trabajo y una técnica que ha pasado de generación en generación. En lugares con gran tradición textil, como la Meseta Purhépecha, el proceso sigue siendo mayoritariamente manual.

Aquí detallo los pasos fundamentales.
Preparación de la materia prima, la lana. Todo comienza con el trasquilado de las ovejas, las que se mantiene su producción, aunque nos dijeron que cada vez es menor en esta región, tanto para obtener la lana y carne para su comercialización.

Durante la realización de este reportaje, fueron varias los veces que tuvimos que recorrer la zona conocida como El Plan, donde regularmente pastorean chivos y borregos.

En una de esas incursiones hacia tierras recién sembradas, contactamos y conversamos con un pastor de nombre Gilberto Rubio Alejo, vecino de Nurío, quien pastoreaba cerca de 160 borregos, en esa zona del plan, entre las comunidades de San Felipe de los Herreros, Nurío y Pomacuarán, pertenecientes a los municipios de Paracho y Charapan.

Pero sigamos con el proceso, una vez obtenida la lana virgen, se debe procesar. Se lava repetidamente con agua y jabón, para quitarle la “suarda” o grasa natural y las impurezas del campo.

Una vez seca, la lana se “peina” con cardas (cepillos con dientes de madera o metal), para alinear las fibras y dejarla suave y esponjosa.

El Hilado. Es el momento de convertir la lana en hilo. Se utiliza un malacate o una rueca de madera. El artesano va alimentando el giro con la lana cardada, controlando el grosor con los dedos para que el hilo sea uniforme y resistente.

El Teñido. Es opcional. Muchos gabanes conservan los colores naturales de la oveja (blanco, gris, negro o café). Sin embargo, si se busca color, se utilizan tintes naturales como la cochinilla grana (rojos), el añil (azules) o el zacatlaxcalli (amarillos).

El hilo se hierve en ollas con estos pigmentos y sal, para que el color se fije permanentemente. El montado del telar, es el paso más técnico y requiere mucha precisión matemática.

Posteriormente, se colocan los hilos verticales en el telar de pedal; estos hilos, determinarán el largo y el ancho de la prenda. Se deben contar los hilos exactos para dejar el espacio de la bocamanga, es decir, la abertura para la cabeza.

El Tejido. Aquí es donde el artesano da vida al diseño.
Mediante el movimiento rítmico de los pies en los pedales y las manos pasando la lanzadera (que lleva el hilo horizontal o “trama”), se va compactando la tela.

Para crear las grecas, animales o figuras geométricas, el artesano va cambiando los colores de los hilos manualmente mientras teje, siguiendo un patrón mental o un dibujo previo.

Una vez que se retira la pieza del telar, se hacen nudos o trenzados en los extremos de los hilos sobrantes para formar el fleco.
Se cortan excedentes de lana y se verifica que el tejido esté bien apretado para que sea impermeable al frío.

Un buen gabán de lana artesanal, se reconoce porque, al levantarlo, se siente su peso. Ese grosor es el que permite que la prenda dure décadas y que, en caso de una lluvia ligera, el agua ruede por la fibra sin empapar a quien lo porta.

Michoacán, es uno de los estados con mayor riqueza textil en México, y la elaboración de gabanes de lana se concentra principalmente en la región de la Meseta Purhépecha y algunas localidades del Bajío michoacano.