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Mitos sobre la luna llena

Hoy vamos a hablar sobre algunos mitos, creencias y datos curiosos que se han popularizado sobre la luna. La luna llena ha sido objeto de fascinación y misterio desde tiempos inmemoriales. Envuelta en un halo de romanticismo y superstición, se le han atribuido todo tipo de poderes e influencias sobre el comportamiento humano y los fenómenos naturales.
Durante siglos, este estado de la luna ha sido objeto de numerosos mitos y supersticiones. Estos mitos reflejan la fascinación humana por este fenómeno celestial.
• Licantropía: se cree que transforma a las personas en hombres lobo. Este mito tiene raíces en el folklore europeo.
• Comportamiento humano: existe la creencia de que causa un incremento en el comportamiento errático o violento. Los estudios científicos, sin embargo, no han mostrado evidencia concluyente.
• Fertilidad: algunas culturas la asocian con la fertilidad y creen que es un momento auspicioso para concebir.
• Salud mental: antiguamente, se pensaba que influía en la salud mental, aumentando casos de locura o «lunatismo».
• Que hace aullar a los lobos, la realidad es que no hay evidencias de que la luna llena en sí misma cause ningún efecto especial sobre los animales.

La Luna llena ha sido un objeto de fascinación para la ciencia y la astronomía. Los astrónomos estudian su brillo y posición para entender mejor nuestro sistema solar. Esta también desempeña un papel crucial en la investigación de:
• Mareas: la gravedad de la Luna afecta a los océanos.
• Calendarios: muchos calendarios se basan en los ciclos lunares.
• Exploración espacial: misiones lunares aprovechan la iluminación de la Luna llena.
La Luna no es redonda aunque así lo parezca a nuestra vista. Para ser una esfera, todos los puntos de su superficie deberían estar a la misma distancia de su centro, y no es así. No solo está un poco achatada por los polos, igual que la Tierra, sino que además el lado que vemos desde aquí es ligeramente más grande el el otro, de forma que tiene cierta forma de huevo.
La Luna no es blanca, ni brillante. Es más bien grisacea y no emite luz propia. Cuando la vemos iluminada por la luz del Sol, parece ambas cosas por una combinación de la luz del propio Sol, así como por la oscuridad del cielo que la rodea.