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Anfibios atraviesan crisis

En 1995, varios científicos que estudiaban antiguos cráteres dejados por bombas de la Segunda Guerra Mundial en Europa descubrieron algo inesperado: décadas después de la guerra, muchos de aquellos agujeros llenos de agua se habían convertido en pequeños refugios naturales donde prosperaban anfibios, insectos y aves que apenas encontraban ya espacios seguros en otros lugares del paisaje.

Un agujero en el suelo que terminó cambiando un ecosistema. En muchos jardines, los rincones donde se acumula agua tras la lluvia suelen verse como un problema: barro incómodo, césped imposible de mantener o pequeños charcos que tarde o temprano alguien acaba drenando.

Sin embargo, en mitad de la crisis global que atraviesan los anfibios, esos espacios empiezan a verse de otra manera. De hecho, contaban hace unos días en Econoticias una historia que ocurrió en un pequeño terreno cerca de una piscifactoría que demuestra hasta qué punto algo aparentemente insignificante puede transformarse en un refugio inesperado para la vida salvaje.

La idea de construir una charca que desapareciera. Al parecer, el propietario decidió excavar una depresión poco profunda, de apenas unos 60 centímetros, justo en una zona donde el deshielo y la lluvia ya acumulaban agua de forma natural antes de terminar perdiéndose en una cuneta. La clave del proyecto era precisamente que no fuese un estanque permanente.

Se diseñó como una “vernal pool”, una charca estacional pensada para llenarse durante el invierno y la primavera y secarse gradualmente en verano. Ese detalle es fundamental porque impide la presencia de peces, uno de los mayores peligros para huevos y renacuajos. El agua poco profunda, además, se calienta más rápido y acelera el desarrollo de las larvas antes de que el estanque desaparezca, algo esencial para especies que viven contra reloj.

Que llegan las ranas. Lo más sorprendente fue la velocidad con la que la naturaleza respondió. Apenas unas semanas después de llenarse con lluvia y agua de deshielo, aparecieron cinco masas gelatinosas de huevos de rana de bosque adheridas a ramas sumergidas cerca de la orilla. Aunque a simple vista parecían pequeños grupos aislados, cada una de esas masas podía contener cientos o incluso miles de huevos.