Todos los días Ramón Domínguez García, tiene la necesidad de pedir el apoyo a la población para sustentar sus gastos de alimentación y medicinas, así como la de su hermano que se encuentra en la etapa terminal de una enfermedad conocida como distrofia muscular.
El sendero peatonal del centro de Tapachula es el lugar ideal para él, porque es donde corre menor riesgo y que durante horas es el paso de miles de personas que acuden al centro a comprar o adquirir un servicio.
Sin embargo, algunos sectores de la población, todavía carece de valores, respeto y empatía hacia las personas con discapacidad. Esta situación se debe en su mayoría a la inconsciencia de la gente, pues ya existe una Ley Federal de Inclusión que no toman en cuenta, así como también la falta de interés de los tres niveles de gobierno.
Desde los automovilistas que obstruyen las rampas de acceso a personas con sillas de rueda, hasta los padres de familia que no educan a sus hijos para referirse a las personas con esta condición, son situaciones que viven a diario el 10 % de la población que es el porcentaje de personas con discapacidad.
La Ley Federal de Inclusión dice que se tiene que vivir con cero discriminaciones y eso no ha sido posible, por lo que hace falta mucho por hacer y, sobretodo, voluntad política de algunas autoridades para que este sector de la población sea escuchado, ya que para los temas de movilidad hay muchas necesidades como la falta de lugares o el respeto cuando los hay, de estacionamientos en lugares principales de la ciudad y centros comerciales.
Aunque el mundo ha avanzado, lamentablemente las personas con discapacidad siguen sufriendo desprecios, discriminación y exclusión en muchos lugares; así también hay prejuicios fuertes en el empleo y barreras arquitectónicas, porque las personas con discapacidad enfrentan una alta tasa de desempleo y exclusión social; incluso, todavía hay escuelas que no admiten a estudiantes con discapacidad intelectual o autismo.
