En la vida diaria, el tiempo en familia muchas veces se vuelve automático y si están juntos, pero cada quien en lo suyo, más con los distractores diarios que nos rodean ejemplo: las pantallas, los pendientes y claro las rutinas.
Y aunque hay convivencia, no siempre hay conexión esto pasa por que la conexión no depende de la cantidad de tiempo, sino de la calidad del mismo y eso es importante entenderlo.
No necesitas actividades complicadas ni planes elaborados, de hecho, muchas veces lo que más funciona es lo más simple, compartir una comida sin distracciones, tener una conversación breve pero presente, hacer algo juntos sin presión, la conexión se construye en momentos cotidianos, no en eventos especiales.
También influye la atención, estar presente, escuchar, participar, no se trata de hacer más cosas, se trata de estar realmente ahí.
Otro punto importante es la constancia, no tiene que ser perfecto ni diario, pero sí frecuente.
Pequeños espacios repetidos generan cercanía, además, permitir que cada persona sea como es también fortalece la conexión. No todo tiene que ser estructurado, recuerda que la conexión no se impone, se genera y muchas veces, lo único que necesita es espacio y atención.
Nota importante: este contenido es informativo y de orientación familiar general.