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La IA ya tiene alternativa para ahorrar energía cada año

Los titulares diarios nos bombardean con el hambre insaciable de la Inteligencia Artificial, pintando un futuro donde los centros de datos devorarán nuestra infraestructura. Sin embargo, la realidad esconde una ironía fascinante: la misma tecnología que hoy satura los cables podría ser nuestra mayor aliada. Según estimaciones de Deloitte, la IA optimizará los sistemas globales ahorrando más de 3.700 TWh para 2030, casi cuatro veces la energía que consumen todos los centros de datos del planeta juntos.

Pero para llegar a ese escenario, primero hay que encender las máquinas hoy. Y la solución es sorprendentemente analógica. Paweł Czyżak, del centro de análisis Ember y una de las voces más autorizadas en la transición energética europea, lo resume con una idea simple: un centro de datos no necesita funcionar a máxima potencia todas las horas del año. Ante el colapso del sistema, el nuevo dogma de supervivencia de la industria es claro: “Conéctate ahora y opera con flexibilidad”.

El infarto de la red. Hemos sido víctimas de lo que en su día definimos como la “tiranía del 24/7”. Los algoritmos no duermen y exigen suministro ininterrumpido. Esta voracidad ha provocado un infarto en los epicentros tradicionales de datos en Europa (los mercados “FLAP-D”: Fráncfort, Londres, Ámsterdam, París y Dublín), paralizando casi por completo los nuevos despliegues. El cuello de botella ya no son los microchips de última generación; faltan transformadores y electrones libres.

A este colapso físico se suma el burocrático. El Instituto Universitario Europeo (EUI) advierte que las colas de conexión son un embudo crítico: en países como Reino Unido o Italia, la capacidad solicitada supera en más de 10 veces el pico de demanda máxima nacional. Todo ello agravado por proyectos “zombis” especulativos que bloquean la entrada a desarrolladores legítimos. Las trabas son, como detalla el reciente estudio de Camus, encoord y Princeton ZERO Lab, un muro doble: faltan cables para el día a día y falta capacidad limpia construida para dar respaldo.

La flexibilidad como salvavidas. ¿Es posible “apagar” parte del cerebro de la IA sin que el sistema colapse? Sí. Un reciente ensayo liderado por Nebius, Emerald AI y National Grid demostró que un clúster de IA pudo recortar su consumo un 30% en apenas 40 segundos para aliviar la red, manteniendo intactas las tareas críticas. Incluso Google ya presume de haber alcanzado 1 GW de “respuesta de demanda” combinando baterías y la capacidad de desplazar cargas entre regiones.