En México, la seguridad de niñas, niños y adolescentes se ha convertido en una preocupación constante ante el aumento de desapariciones y secuestros, una problemática que requiere no solo la intervención de autoridades, sino también la participación activa de las familias.
Cifras recientes indican que uno de cada diez secuestros tiene como víctima a menores de edad, además de miles de casos de desaparición registrados en los últimos años. Este panorama evidencia la necesidad de fortalecer la prevención, especialmente en entornos donde existe confianza o descuido.
Especialistas recomiendan fomentar la comunicación, enseñar a identificar riesgos y establecer reglas claras como no irse con desconocidos o personas sin autorización. Estas acciones, junto con la vigilancia y la educación, pueden marcar una diferencia en la protección diaria.
