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La IA está influyendo en nuestras formas de analizar

Hay dos cosas que la industria tecnológica está empujando con fuerza. Por un lado, los vídeos cortos. El formato TikTok lo ‘rompió’ hace unos años hasta el punto de que plataformas como Instagram o YouTube se tiraron de cabeza a copiarlos. Por otro lado, la IA. Todo debe llevar IA, y ahora un chatbot debe ser nuestro asistente en todo momento. En paralelo, cada vez aparecen más estudios que apuntan algo inquietante.

Que, quizá, nuestro cerebro se está erosionando.

En corto. Hace meses, un estudio apuntó que los chatbots provocan rendición cognitiva, otro que nos hace vagos y hasta hay uno de la propia Microsoft señalando en la misma dirección. Uno de los últimos es el elaborado por investigadores del MIT, la Universidad de California, la de Oxford y la de Carnegie Mellon titulado “La asistencia de la IA reduce la persistencia y perjudica el rendimiento independiente”.

Para probar la hipótesis, realizaron tres experimentos en los que dejaron a parte de los participantes acceder a un bot basado en GPT-5 y, a los diez minutos, cortaron ese acceso. Antes de los resultados, los test:

Prueba de ecuaciones – 350 personas debían resolver esos problemas.
Prueba de lógica – 670 personas tenían que realizar una prueba matemática, pero de razonamiento lógico en este caso.
Prueba de comprensión lectora – 200 participantes que debían analizar un texto y realizar una breve serie de comprensión lectora.

Estamos regular. Como decimos, parte de la muestra tenía acceso a ese bot que se desactivaba a la mitad del ‘examen’, y el resultado fue el mismo en las tres pruebas. Como apuntan los investigadores, cuando se interrumpe el acceso a la IA no sólo cae el rendimiento de los participantes, sino la perseverancia.

En declaraciones a la revista Futurism, uno de los investigadores apunta que “una vez que les quitamos la IA no es sólo que se equivoquen a la hora de dar la respuesta, es que tampoco están dispuestos a intentarlo”. Había una distinción entre los usuarios de la IA:

Los que querían la respuesta fácil fueron los que más rápido perdieron el interés en intentar la tarea cuando dejaron de tener acceso a la herramienta.
Los que pedían explicaciones o no “hacer trampa” directamente, tuvieron mejores resultados porque algunos sí intentaron seguir con la tarea.