Por suerte, todos los sistemas vitales para el buen funcionamiento de Orión están yendo a las mil maravillas en su viaje a la Luna. Sin embargo, está teniendo algunos imprevistos más mundanos, como problemas con Outlook o la congelación del depósito de orina. A todo esto, además, se suma haber tenido que usar camisetas a modo de persianas. Y no ha sido un arrebato de los astronautas, sino indicaciones directas de Houston.
Más frío que en la comunión de Pingu. La cápsula Orión no es precisamente el lugar más climatizado. En su interior hace mucho frío, por lo que el Equipo de Control de Misión, desde la Tierra, ha estado trabajando para calentarlo. Junto a la tripulación, se decidió mover la nave de manera que estuviese lo más expuesta posible al Sol. Pero hay un problema con eso. Las persianas que los astronautas usan para poder dormir sin que la estancia se ilumine demasiado absorben ese calor y se sobrecalientan.
Posibles daños en las ventanas. Si las persianas se sobrecalientan, podrían transmitir ese calor a las propias ventanas, que correrían el riesgo de dañarse. Por eso, el Equipo de Control recomendó el pasado 4 de abril a la tripulación que retiraran todas las persianas. Les explicaron que entendían que eso sería muy incómodo, ya que el interior de la cápsula quedaría muy iluminado. Por eso, añadían una recomendación de lo más extraña: que tapasen las ventanas con camisetas. En la grabación del sistema de comunicación se escucha a un miembro de la tripulación acatando la orden y señalando que seguirían el consejo. Pero menudo consejo.
Ventanas delicadas. Podríamos preguntarnos por qué es necesario proteger las ventanas del Sol si la nave está preparada para resistir las altísimas temperaturas de la reentrada en la atmósfera. Es una buena pregunta, pero lo cierto es que no es el mismo tipo de calor. Para empezar, la reentrada supone un calor muy grande que se extiende por toda la nave en muy poco tiempo. En cambio, lo de las ventanas es un calor mucho más focalizado y mantenido.
El escudo térmico de Orión la protege del calor de la reentrada. Además, las ventanas tienen una capa externa de sílice fundida capaz de soportar 2.760ºC. Pero las capas internas no son tan resistentes. Por eso, si se exponen a la radiación solar mantenida y enfocada directamente sobre ellas tras ser absorbida por las persianas, pueden no soportar el calor.
