La tragedia ocurrida en la Preparatoria Anton Makárenko, en Lázaro Cárdenas, Michoacán, ha puesto de nuevo sobre la mesa un fenómeno preocupante: los llamados “Incels”, término que proviene del inglés Involuntary Celibate, o “célibes involuntarios”. Lo que comenzó como un espacio de apoyo para personas con dificultades sociales, hoy se ha convertido en una subcultura digital radical, marcada por misoginia extrema y la creencia fatalista de la “Píldora Negra”, que justifica aislamiento y, en casos extremos, violencia contra mujeres.
El adolescente de 15 años implicado en el ataque compartió en Instagram videos donde mostraba un fusil, vestimenta táctica y mensajes de odio dirigidos a feministas. En su material, incluso aparece un mensaje que dice: “Porque he decidido enviar a las feministas, que siempre arruinaron mi vida, con el creador. Durante 7 años la vida no me ha traído ninguna alegría”.
La mañana del 24 de marzo, el joven ingresó a la preparatoria armado con un fusil calibre 5.56, atacando directamente a dos maestras: María del Rosario “N”, de 36 años, y Tatiana “N”, de 37. Fueron localizadas sin vida por elementos de la Secretaría de Seguridad Pública de Michoacán, mientras que el menor fue detenido en el lugar, junto con el arma utilizada.
Expertos en psicología alertan que la radicalización de jóvenes ocurre principalmente en el aislamiento digital, donde consumen contenido violento y adoptan discursos de odio. Señales como cambios bruscos de humor, obsesión por armas o términos deshumanizantes como “Femoids”, “Chads” o “Stacys” deben ser atendidas desde casa y la escuela. La educación emocional y la supervisión de lo que consumen en internet son hoy herramientas fundamentales para prevenir tragedias como la de Michoacán.
