Hay todo un mundo en esto de los combustibles sintéticos. Y no es para menos, ya que aquel que pueda desarrollar un carburante renovable, sin dañar al medio ambiente y con elementos que tengamos en abundancia, tiene el cielo ganado. Y en este aspecto, hay una startup de Shanghái que promete haber dado un paso significativo. Y es que si sus afirmaciones se sostienen, podría cambiar las reglas del juego. Te contamos los detalles.
Contexto. China importa más del 70% del petróleo crudo que consume, y una proporción considerable viene de Oriente Medio. Si has estado atento a esta región del planeta estas últimas semanas, habrás visto que la cosa no está muy allá. Y es que en un momento en que los conflictos en el Golfo Pérsico generan volatilidad en los mercados y amenazan las cadenas de suministro energético, Pekín lleva años buscando alternativas a los combustibles fósiles convencionales. Es en ese escenario donde emerge Carbonology.
Qué ha anunciado exactamente. Tal y como comparte SCMP, la empresa, cofundada en 2024 por un ex vicepresidente de Tesla, afirma haber desarrollado un proceso para convertir el dióxido de carbono (extraído del aire y del agua) en combustible sintético utilizando energía solar y eólica. Los productos que asegura poder fabricar incluyen gasolina, diésel, queroseno para aviación y nafta, todos ellos a precios competitivos con los del mercado. La compañía también habría anunciado que está preparando un despliegue para producir a gran escala su producto en China.
Cómo funciona esta tecnología. El proceso que describe la startup se basa en la captura directa de aire, conocida en la industria como DAC (Direct Air Capture). Esta técnica consiste en extraer CO₂ de la atmósfera y combinarlo con hidrógeno, obtenido a su vez mediante electrólisis del agua usando energías renovables, para sintetizar hidrocarburos líquidos.
El resultado son combustibles prácticamente idénticos a los derivados del petróleo, pero cuyo ciclo de carbono es cerrado: el CO₂ que emiten al quemarse es el mismo que se capturó para fabricarlos. Realmente no es un proceso nuevo, pues lleva años desarrollándose en laboratorios de todo el mundo y existen proyectos piloto en marcha, como la planta Haru Oni, en el sur de Chile, impulsada por empresas como Siemens y Porsche.
