China está atravesando profunda crisis de natalidad y está implementanto todo tipo de medidas para conseguir reactivarla. Uno de los ejes sobre los que se sustentan las políticas para aumentar la natalidad pasa por fomentar las bodas, que también han caído en picado mientras los divorcios aumentan. La desesperación es tal que están montando puestos de bodas exprés al estilo Las Vegas.
Sí, quiero (ir de festival). Sucedió en la pasada edición del festival Super Strawberry de Uruqmi, en Xinjiang. Además de los típicos puestos para comprar bebidas, comida o merchandising, también montaron una oficina temporal para celebrar bodas en el acto. Se casaron tres parejas. Cuentan en South China Morning Post que estas oficinas para bodas exprés forman parte de la ofensiva para revertir la caída en la natalidad, pero no sólo han aparecido en festivales, también las han instalado en lugares pintorescos y atracciones turísticas como parques o lagos.
Facilidades. En marzo del año pasado, el gobierno chino simplificó los trámites para casarse con el objetivo de incentivar los casamientos y reducir los costes asociados. Antes era obligatorio hacer un trámite en la localidad natal, pero ahora el registro se puede hacer en el lugar de residencia y sólo hace falta llevar el DNI. Al eliminar esta barrera burocrática se evitan desplazamientos y todo se agiliza. El gobierno también plantea bajar la edad legal para casarse (actualmente es 20 años para las chicas y 22 para los chicos), pero de momento esto no se ha implementado.
El coste de casarse. Una boda en China no sale precisamente barato; es uno de los motivos de la caída en el número de compromisos. El caili o “precio de la novia” es una tradición en la que la familia del novio hace una transferencia de dinero o propiedades a la de la novia. En 2023 la media nacional era de 69.000 yuanes (unos 8.700 euros, al cambio actual), una cifra inasumible especialmente en zonas rurales con rentas más bajas.
El gobierno ha llevado a cabo campañas contra las bodas ostentosas y cailis muy elevados y esto parece que está calando algo más. Como rechazo a esta tradición, cada vez más parejas están huyendo de celebraciones en salones ostentosos y celebran sus bodas en sitios más baratos como restaurantes, algunos incluso en McDonald’s.
