Lejos queda aquella época en la que las cocinas eran solamente espacios puramente funcionales. El frigorífico, el lavavajillas o el horno se colocaban donde cabían, sin demasiadas preocupaciones estéticas. Afortunadamente, hoy el planteamiento ha cambiado: la cocina ya no es un espacio aislado, sino una parte más del salón o del comedor.
Ese cambio explica por qué el interiorismo de cocinas se ha vuelto mucho más exigente. Cuando la zona de cocinar comparte espacio con el resto de la vivienda, el orden visual pasa a ser casi tan importante como la funcionalidad.
La magia de los paneles
En este contexto se ha popularizado una solución que cada vez aparece en más reformas: integrar los electrodomésticos dentro del mobiliario. Es decir, ocultarlos tras paneles o armarios para que la cocina tenga un aspecto más limpio y continuo.
A este propósito, la arquitecta Laura Ortín explica a Arquitectura y Diseño que esta decisión suele tener mucho que ver con la distribución del espacio. “Cuando los electrodomésticos de la cocina se dejan a la vista, en muchos casos suele ser señal de que la distribución no se ha resuelto bien del todo”, señala.
Cocinas pensadas como un solo espacio
La integración de electrodomésticos tiene mucho sentido cuando la cocina forma parte de un espacio abierto. En este tipo de viviendas, donde cocina, comedor y salón conviven sin paredes, el objetivo suele ser que todo funcione como un conjunto coherente.
Panelar el frigorífico o el lavavajillas ayuda a mantener una estética continua, evitando que cada aparato destaque visualmente con su propio acabado o color.
Menos ruido visual
Una de las ventajas más citadas por los interioristas es la reducción del llamado ruido visual, mientras que cuando los electrodomésticos quedan ocultos tras los mismos frentes que los muebles, la cocina se percibe más ordenada y tranquila, también habitable.
El resultado suele ser un ambiente más limpio en el que ganan protagonismo otros elementos como la encimera, la madera o los acabados del mobiliario.
La integración también tiene un componente práctico. Al diseñarse todo a medida, se eliminan muchos huecos donde suele acumularse suciedad: los espacios entre muebles, las zonas superiores del frigorífico o los laterales de algunos electrodomésticos. Esto permite que las superficies sean más continuas y que la limpieza diaria resulte más sencilla.
