En México, las enfermedades renales se han convertido en un problema creciente entre la población juvenil. Se estima que millones de personas pueden encontrarse en etapas tempranas de daño renal y, en casos avanzados, requerir terapias de reemplazo como hemodiálisis o diálisis peritoneal. Aunque antes se asociaba el padecimiento con adultos mayores, hoy también afecta a adolescentes e incluso a población infantil.
Entre los principales factores de riesgo se encuentran las malformaciones congénitas y antecedentes genéticos; sin embargo, especialistas advierten que la obesidad, la diabetes temprana y la hipertensión arterial son detonantes clave. Estas condiciones metabólicas pueden dañar el riñón de forma silenciosa y progresiva, llevando a jóvenes de entre 15 y 18 años a enfrentar insuficiencia renal crónica y, en algunos casos, la necesidad de un trasplante.
En Chiapas, la incidencia estimada oscila entre un 3 y un 5 por ciento de la población, muchas veces como daño colateral de otras enfermedades crónicas. El problema es que la juventud suele evitar revisiones médicas, lo que retrasa diagnósticos oportunos.
Las consecuencias de un fallo renal total pueden cambiar la vida de un adolescente de un día para otro. La necesidad de acudir varias veces por semana a hemodiálisis o realizar recambios de diálisis peritoneal altera la rutina escolar, social y emocional. Por ello, especialistas llaman a padres y jóvenes a no minimizar los riesgos y apostar por estilos de vida saludables que protejan no solo al riñón, sino a todo el organismo.
