La alimentación está rodeada de consejos, recomendaciones, advertencias y reglas que cambian constantemente, un día algo es “lo peor que puedes comer” y al siguiente resulta que siempre no, en medio de tanta información, es fácil confundirse.
Muchos mitos se repiten tanto que terminamos creyéndolos sin cuestionarlos, no porque seamos ingenuos, sino porque la alimentación toca algo muy sensible: la salud, el peso, la imagen, la energía y cuando algo nos importa, prestamos atención a todo lo que suena convincente, uno de los mitos más comunes es que “cenar engorda”, no es la hora lo que determina el aumento de peso, sino el balance general de lo que se consume durante el día y el estilo de vida, comer por la noche no es automáticamente negativo, de hecho, una cena ligera y equilibrada puede ayudar a evitar antojos nocturnos o desvelos con hambre.
Otro mito muy repetido es que “los carbohidratos son malos”, los carbohidratos no son enemigos; son una fuente principal de energía, el problema no está en ellos, sino en el exceso y en el tipo de carbohidrato que elegimos, no es lo mismo consumir granos integrales que productos altamente procesados, demonizar un grupo completo de alimentos simplifica demasiado algo que es más complejo.
También se escucha mucho que “si es natural, es saludable”, la palabra natural suena segura, pero no siempre significa adecuado para todos, hay alimentos naturales que pueden causar alergias, intolerancias o reacciones en ciertas personas, la clave está en la moderación y en conocer cómo responde tu cuerpo.
Existe la idea de que “saltarse comidas ayuda a bajar de peso”, en realidad, omitir comidas puede generar más hambre después y favorecer decisiones impulsivas, el cuerpo necesita energía constante para funcionar correctamente, cuando pasa muchas horas sin alimento, puede alterarse el metabolismo y el estado de ánimo.
Otro mito frecuente es que “los productos light siempre son mejores”, algunos productos reducidos en grasa o azúcar compensan el sabor con otros ingredientes, no todos son negativos, pero tampoco son automáticamente la mejor opción, leer etiquetas y entender qué contienen es más importante que confiar solo en la palabra “light”.
También está el mito de que “hay alimentos que queman grasa por sí solos”, ningún alimento tiene el poder mágico de eliminar grasa corporal de forma aislada, la pérdida o ganancia de peso responde a un conjunto de factores: alimentación general, actividad física, descanso, genética y estado de salud.
Y no podemos olvidar la creencia de que “hay que desintoxicarse constantemente”, el cuerpo ya cuenta con órganos encargados de eliminar toxinas, como el hígado y los riñones. Las dietas extremas de desintoxicación no siempre son necesarias y pueden resultar contraproducentes si no están supervisadas, la alimentación no debería basarse en miedo, culpa o reglas rígidas, debería construirse desde el equilibrio, la información confiable y la escucha del propio cuerpo, no todos necesitamos lo mismo.
Lo que funciona para una persona puede no funcionar igual para otra.
Romper mitos no significa ignorar recomendaciones, sino aprender a cuestionarlas, preguntarnos de dónde viene la información, si tiene respaldo y si realmente aplica a nuestra situación, al final, la relación con la comida debería sentirse sostenible, no restrictiva ni angustiante.
Nota:
Este contenido no promulga ninguna religión y es únicamente informativo. Ante cualquier duda relacionada con alimentación, nutrición o condiciones de salud específicas, se recomienda acudir siempre con un médico o nutriólogo certificado.
