Entre veredas ocultas y cerros que resguardan la comunidad de La Laja, en el municipio de Turicato, el silencio del fin de semana fue interrumpido por el zumbido de una aeronave militar. Desde el aire, y por tierra elementos del Defensa a través de la 21 zona militar en coordinación con Fuerza Aérea y Guardia Nacional, detectaron lo que a simple vista parecía un sembradío más en la sierra. No lo era. Se trataba de un plantío de marihuana de 28 mil 500 metros cuadrados, con plantas que alcanzaban 1.30 centímetros de altura y una densidad aproximada de tres por metro cuadrado.
Al descender, los soldados descubrieron un complejo perfectamente organizado. El teniente coronel de infantería Indalesio Tapia Vázquez, comandante interino del sexto grupo de infantería con sede en Tacámbaro, quien encabezó el operativo, explicó que el sitio estaba dividido en invernaderos, secaderos y un área destinada al encostalamiento de la droga, lista para su distribución. En la primera fase, pequeñas plantas de apenas tres centímetros crecían bajo un sistema de energía improvisado para acelerar su desarrollo, alimentadas por riego que suministraba cerca de un litro por segundo. En la segunda etapa, el riego se suspendía para iniciar el secado previo a la cosecha.
Más adelante, en los secaderos, las ramas cortadas colgaban alineadas, en un proceso que tardaba entre tres y cuatro semanas antes de ser empacadas. En esta ocasión, el decomiso alcanzó una tonelada de marihuana lista para distribuirse.
El operativo culminó tras una jornada exhaustiva: alrededor de 40 soldados con machete en mano, arrancaron cada planta, formaron una montaña con los costales y el enervante seco, y lo redujeron a cenizas. En la sierra de Michoacán, la lucha contra el narcotráfico no se detiene; se libra, día a día, entre la tierra, el humo y la vigilancia constante de las fuerzas federales.
