Si algo ha demostrado Poncho de Nigris es que entiende el negocio del escándalo mejor que muchos productores tradicionales. Con Ring Royale como su proyecto estelar del momento, el influencer y empresario regio no solo está promoviendo un evento de box, está construyendo una narrativa donde él siempre queda al centro de la conversación.
En las últimas semanas, cada declaración suya ha generado titulares. Que si el evento es más grande que otros formatos similares, que si hay intereses intentando frenarlo, que si ciertas figuras abandonaron proyectos paralelos por estrategia mediática… Poncho no da paso sin huarache. Cada comentario parece cuidadosamente lanzado para encender redes sociales y dividir opiniones.
Lo interesante es que, lejos de afectarlo, la polémica lo fortalece. Mientras algunos lo critican por “exagerar” rivalidades, otros reconocen que sabe vender espectáculo. Y en la era digital, donde el engagement manda, eso es una habilidad clave. Poncho no busca agradar a todos; busca que hablen de él. Y lo está logrando.
Además, su experiencia en realities le dio una ventaja competitiva: sabe cómo provocar, cómo tensar la cuerda sin romperla del todo y cómo convertir cualquier confrontación en promoción gratuita. Ring Royale no se está vendiendo como deporte puro, sino como evento mediático. Y ahí, Poncho juega en casa.
