Las oficinas de la UNICEF iniciaron su retiro de Tapachula para trasladar sus operaciones a la capital del estado, Tuxtla Gutiérrez. Este repliegue, motivado por drásticos recortes presupuestarios y un cambio de timón en la política exterior de los Estados Unidos, deja a miles de niños y familias migrantes en la vulnerabilidad absoluta en esta ciudad.
Para el defensor de los derechos humanos y activista pro migrante, Luis García Villagrán, este movimiento es la confirmación de una “agenda de olvido” dictada desde los Estados Unidos.
El activista Luis Villagrán denuncia que la salida de organismos internacionales convierte a la frontera sur en una “cárcel migratoria” subordinada a los intereses de Washington.
Dijo que la presencia física de estos organismos en la ciudad se había vuelto estéril.
“Ya es intrascendente si hay oficinas o no de la UNICEF o de la OIM en Tapachula. Antes era relevante, pero hoy el presupuesto se ha reducido drásticamente, igual el flujo migratorio redujo un 70%. Lo que el migrante busca es certeza jurídica, y estos organismos hace años que dejaron de contribuir a ese fin”.
Luis García Villagrán / activista pro migrante.
Sin embargo, esto ha servido de pretexto para que agencias internacionales, siguiendo el ejemplo previo de ACNUR, abandonen el “centro neurálgico” de la migración en México.
El activista denunció que el apoyo que aún fluye no llega a quienes más lo necesitan. La ayuda ya no se entrega directamente a los albergues ni a las personas en situación de calle, sino que se canaliza a través de los tres niveles de gobierno.
“Todo se queda atorado en una burocracia que trabaja a conveniencia. Cuando les conviene, los migrantes son sujetos de necesidad; cuando no, son un peligro o portadores de enfermedades. Esa es la realidad: una xenofobia institucionalizada”.

Aseguró que la estrategia actual busca convertir el territorio que va desde Arriaga hasta el río Suchiate en un reducto de pobreza y contención, y ya se puede palpar en un aumento de personas en calidad de calle que son extranjeros y que no lograron salir de Tapachula.
“Han dejado a Tapachula como una buena cárcel migratoria”, concluyó, aclarando que su crítica no es contra funcionarios individuales, sino contra una estructura sistémica que ha rebasado cualquier intención humanitaria.
