El 2025 cerró con una señal de alarma para el planeta. Un total de 44 especies de animales, plantas y hongos dejaron de existir, según las evaluaciones científicas más recientes incorporadas a la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el principal indicador global sobre el estado de la biodiversidad.
Las desapariciones abarcan distintos grupos biológicos y regiones del mundo. Entre ellas sobresalen aves migratorias, pequeños mamíferos e invertebrados, cuya extinción fue catalogada por especialistas como definitiva, al no encontrarse poblaciones vivas ni posibilidades de recuperación.
Uno de los símbolos de esta pérdida es el zarapito fino, ave que durante generaciones cruzó los cielos de Eurasia y el norte de África. Su ausencia marca el fin de una especie emparentada con el zarapito trinador, que aún sobrevive en algunos territorios europeos, pero cuya situación también es frágil.
En los océanos, la desaparición del Conus lugubris, un caracol marino originario de Cabo Verde, revela que incluso especies poco visibles cumplen funciones clave en los ecosistemas. Aunque su veneno representaba un riesgo para las personas, científicos destacan que su pérdida afecta la dinámica natural de los ambientes marinos.
La lista de extinciones también alcanza a los mamíferos. Tal es el caso de la musaraña de la Isla de Navidad, una especie que no logró sobrevivir a la presión del deterioro ambiental y otros factores asociados a la presencia humana en ecosistemas insulares.
Más allá de estos casos, la UICN advierte que la situación es crítica: alrededor de 48 mil 600 especies están actualmente en riesgo de desaparecer, lo que equivale a casi tres de cada diez especies evaluadas. Los grupos más afectados son las cícadas, los corales, los anfibios, así como tiburones y rayas, considerados esenciales para el equilibrio de numerosos ecosistemas.
Especialistas señalan que la acción humana es el principal factor detrás de este escenario, ya sea por la pérdida de hábitat, el cambio climático, la contaminación o la sobreexplotación. Sin embargo, subrayan que aún existe margen de maniobra: reforzar las políticas de conservación podría evitar que más especies se sumen a una lista que, en muchos casos, ya no tiene retorno.
