Todos quisiéramos que nuestras relaciones de pareja fueran como en los cuentos de princesas, con un título que dijera “Y vivieron felices para siempre”. Pero la realidad es que el amor de pareja pasa por distintas etapas, y lo que sentimos cambia con el tiempo.
El amor puede durar toda la vida, pero no con la misma intensidad que al principio. Esto se debe a que amar y estar enamorado no es lo mismo. Lo que llamamos enamoramiento es la primera etapa de una relación. Es intensa, emocionante y un poco “ciega”. Durante este periodo, nos sentimos fascinados por la otra persona, idealizamos sus cualidades y casi no vemos sus defectos. Esto ocurre porque nuestro cerebro libera sustancias como la dopamina y la oxitocina, que nos hacen sentir euforia y una fuerte conexión. Según la ciencia, esta fase dura entre seis meses y dos años, dependiendo de cada relación.
Cuando esa etapa pasa, no significa que el amor desaparezca. Lo que cambia es que la intensidad inicial da paso a un amor más maduro y estable, basado en la confianza, el compromiso y la complicidad. Ya no se trata tanto de idealizar al otro, sino de valorar la relación en la vida real, desde las rutinas, los pequeños detalles y la forma en que nos apoyamos mutuamente. En pocas palabras, el enamoramiento es como un fuego intenso que ilumina todo, mientras que el amor maduro es la llama que nos acompaña día a día. Ambos son importantes, pero son emociones distintas que cumplen funciones diferentes en una relación duradera.
