Skip to content

El hábito invisible que desgasta tu energía diaria y casi nadie nota

No siempre es el trabajo, ni la falta de sueño, ni siquiera los pendientes, hay un hábito silencioso que desgasta la energía diaria y pasa desapercibido: vivir en estado constante de prisa, incluso cuando no es necesaria.

La prisa no siempre se nota por correr físicamente a veces vive en la mente: pensamientos acelerados, anticipación excesiva, preocupación constante por lo que sigue, comer rápido, responder mensajes mientras haces otra cosa, sentir que nunca alcanzas el día, recuerda que todo eso suma.

Por si no lo sabes el cuerpo interpreta la prisa como alerta, cuando este estado se prolonga, el sistema nervioso no descansa del todo ya que aparecen el cansancio mental, la irritabilidad, la sensación de no disfrutar nada por completo, no porque falte tiempo, sino porque falta presencia.

El miércoles suele ser el día donde la semana “agarra velocidad”, ya no es inicio pero tampoco descanso por eso es un buen momento para revisar tu ritmo, no tus pendientes, haz una pausa y pregúntate:
—¿Estoy haciendo esto con atención o solo por cumplir?
—¿Puedo bajar un poco el paso sin que todo se derrumbe?

Reducir la prisa no significa volverte lenta o improductiva más bien significa elegir conscientemente el ritmo, no dejar que la inercia decida por ti, pequeños ajustes pueden ayudar:

  • Comer sin distracciones

  • Hacer una cosa a la vez

  • Pausar antes de responder

  • Respirar profundo entre actividades

Cuando bajas la velocidad interna, la energía rinde más, el día se siente menos pesado, aunque hagas lo mismo a veces el cambio no está en lo que haces, sino en cómo lo haces.

Nota
Este contenido es solo informativo y no promueve ninguna religión no sustituye atención médica o psicológica, ante estrés crónico o agotamiento persistente, acude siempre con un especialista.