Un 20 de enero, pero de 1913, la Ciudad de México fue testigo de la partida de José Guadalupe Posada, uno de los artistas más influyentes del imaginario popular mexicano. Su obra, marcada por el grabado y la crítica social, logró retratar con ironía y crudeza la vida cotidiana de una sociedad atravesada por desigualdades, fiestas, tragedias y contradicciones propias de su tiempo.
A lo largo de su trayectoria, Posada se convirtió en una voz visual del pueblo, utilizando el arte como herramienta para narrar sucesos políticos, costumbres y acontecimientos que definieron el final del porfiriato. Sus ilustraciones circularon ampliamente en hojas volantes y publicaciones populares, permitiendo que su mirada llegara a distintos sectores de la población y se consolidara como un referente cultural.
Entre sus creaciones más reconocidas destaca la figura de la calavera Catrina, símbolo que trascendió su contexto original para convertirse en un emblema de la identidad mexicana y de la relación festiva con la muerte. A más de un siglo de su fallecimiento, la obra de Posada continúa viva, recordando que el arte también puede ser memoria, crítica y tradición al mismo tiempo.
