El Santo Grial de la medicina moderna contra el dolor ha sido siempre el mismo: lograr la potencia analgésica de la morfina sin sus efectos secundarios como la depresión respiratoria, la adicción o la tolerancia. Y aunque hasta ahora parecía algo imposible, un estudio ha sugerido que la clave no está en ‘adormecer’ el cuerpo, sino en ‘atacar’ la forma en la que el cerebro procesa el sufrimiento.
El estudio. Un equipo liderado por Gregory Corder, de la Universidad de Pensilvania, ha desarrollado una terapia génica que actúa como un “interruptor” para el dolor crónico.
Lo revolucionario no es solo que funciona, sino cómo lo hace: elimina la angustia emocional del dolor sin borrar la sensación física protectora, manteniendo al paciente a salvo pero libre de sufrimiento.
El problema no es sentir, es sufrir. El dolor tiene dos componentes muy claros: uno que es sensorial, que es necesario para la supervivencia del humano (como es retirar la mano cuando nos quemamos), y el otro es el afectivo o el emocional. Este segundo es el que genera la sensación de sufrimiento constante que puede destrozar la calidad de vida de un paciente que vive con dolor crónico o con dolor neuropático que afecta al sistema nervioso como por ejemplo la odiada ‘ciática’.
Según el estudio, titulado, los investigadores identificaron un grupo específico de neuronas en la corteza cingulada anterior (ACC). Estas neuronas son sensibles a los opioides y son las responsables de codificar la “desagradabilidad” del dolor, y es aquí donde se ha tratado de atacar, pero de manera quirúrgica y sin pastillas.
La herramienta usada. Los científicos utilizaron una herramienta conocida como DREADD (Receptores de Diseño Activados Exclusivamente por Drogas de Diseño). Para ello, a través de un vector viral, insertaron receptores sintéticos específicamente en las neuronas de la corteza cingulada de ratones con dolor neuropático.
A partir de ahí, administraron un fármaco que no tienen ningún efecto llamado DCZ. Este compuesto, pese a no hacer nada al cuerpo en los ratones, actúa como una llave que “apaga” las neuronas que se han modificado en su cerebro de manera muy específica.
