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Milpa maya, con miras a reconocimiento internacional como patrimonio agrícola

Debido a la complejidad de este modelo, que incluye el cultivo combinado de frijol, calabaza y, principalmente, maíz, base de la alimentación regional desde tiempos ancestrales, la milpa maya podría ser reconocida a nivel global por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Representantes del Comité Asesor Científico de Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM) de dicha institución visitaron milpas de Chacsinkín y Ek Balam, para evaluar la propuesta que suscribieron los estados que conforman la Península; ahí, conocieron a las y los maestros milperos, que dan vida esta práctica y están detrás de los esfuerzos hacia este fin.

Impulsa este proceso la administración que encabeza el Gobernador Mauricio Vila Dosal, a través de la Secretaría de Desarrollo Sustentable (SDS), con tal de obtener el reconocimiento para el Sistema Biocultural de la Milpa Maya de México como SIPAM, en coordinación con autoridades de Campeche y Quintana Roo, organismos de la sociedad civil y academia.

Las estrategias conjuntas para lograrlo datan de cuando comenzó a conformarse la propuesta, desde el año 2016; han implicado el envío de la documentación necesaria y un intercambio de información, comentarios y observaciones, hasta concretar la llegada del Comité, una de las etapas finales.

SIPAM es un programa que creó la FAO en 2005, con el propósito de salvaguardar y promover, a los niveles nacional e internacional, los sistemas agrícolas ancestrales de nuestro planeta, además de asegurar un desarrollo sostenible para millones de pequeños productores.

Ha designado 67 modelos en 22 países y, actualmente, cuenta con 13 nuevas propuestas de ocho sitios; en América Latina y el Caribe, hay cuatro, situados en Brasil, Chile, México y Perú, así que la milpa maya sería el segundo de la República, lo cual significaría un reconocimiento mundial a la complejidad e importancia de sus procesos ecológicos, sociales y culturales.

Cabe destacar que esta forma de cultivo, manejo de recursos y subsistencia ha trascendido por más de tres mil años, como parte integral de la identidad de la zona, resiliencia ante a los cambios del clima y la modernidad, larga vida y gran contribución para la conservación tanto de la cultura maya como de la biodiversidad de la Península.