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Petro aspira a imitar a Chávez.

El miedo de muchos colombianos a que el exguerrillero Gustavo Petro alcanzara la presidencia del país, que ya impidió su elección en dos ocasiones anteriores, no fue suficiente para negarle la victoria en las elecciones del pasado domingo.

Los Acuerdos de Paz de 2016, con la desmovilización de las FARC (aunque algunas disidencias siguen en armas, como también la guerrilla del ELN), han abierto la política colombiana, contribuyendo a su normalización y haciendo posible que por primera vez gane la izquierda.

 

El recelo que también provocaba su contrincante, el empresario populista Rodolfo Hernández, quien contra pronóstico pasó a la segunda vuelta, acabó elevando el número de votos en blanco a 500.000 y el de nulos a 270.000: de haber sido todos ellos para el aspirante sorpresa le habrían dado el triunfo, pues Petro ganó por 700.000 votos, obteniendo 11.290.000 (el 50,44%) frente a los 10.580.00 de Hernández (47,31%).

A la tercera va la vencida y Gustavo Petro Urrego, de 62 años, senador, exalcalde de Bogotá y líder de la coalición de izquierda Pacto Histórico, ganó la segunda vuelta electoral este domingo en Colombia y el próximo 7 de agosto hará el juramento como el presidente número 42 del país, una de las repúblicas con más larga historia democrática en el hemisferio occidental. Con el 99,67% de mesas escrutadas, Petro recibió 11.266.138 votos, es decir, obtuvo el 50.48% de los votos, lo que se confirmará el próximo jueves cuando la Registraduría y el Consejo Nacional electoral ya terminen el proceso y lo certifiquen como ganador. Antes del cierre de las mesas de votación, ya los seguidores del Pacto Histórico empezaron a llegar al Movistar Arena, estadio cubierto que desde antes del anuncio del triunfo ya celebraba lo que en la mañana se temía pudiera ser manipulado. Ni el frío ni la lluvia bogotana aguaron el entusiasmo de los triunfadores, pero tampoco espantaron a los votantes, pues el éxito de la jornada es que el 58% de los ciudadanos participó en esta segunda vuelta, cuando normalmente no pasa del 50%.

Hernández acepta la derrota

Desde su casa en Bucaramanga, el candidato Rodolfo Hernández también reconoció el triunfo del Pacto Histórico. «Acepto el resultado, como debe ser, sinceramente espero que esta decisión tomada sea beneficiosa para todos y que Colombia se encamine al cambio. Le deseo al doctor Gustavo Petro que sepa dirigir el país, que sea fiel a su promesa de derrotar la corrupción y cumpla sus promesas».

Hernández, un ‘outsider’ que llegó a la política nacional, obtendrá el cargo de senador y el apoyo inédito de diez millones y medio de votos, lo que lo deja a él –porque su movimiento es prácticamente inexistente– como un nuevo caudillo político.

Con el resultado se repitió una lectura clara de la fractura del país, que más allá de tintes políticos, evidencia que el centro de Colombia es más conservador, con interés en acabar con la corrupción pero sin transformaciones de fondo, mientras que la periferia –que le dio el triunfo a Petro y cubre las zonas más golpeadas por la pobreza y la violencia– respalda un cambio estructural. Es, como lo ha dicho la nueva vicepresidenta Francia Márquez, la voz de «los nadies» que se impone democráticamente.

A propósito de la fórmula vicepresidencial, por primera vez llega una mujer negra a la Vicepresidencia, desde donde será encargada de liderar el nuevo Ministerio Social que creará el Gobierno. Francia, como es conocida, es una lideresa social y premio Goldman Prize, quien en la consulta interna de la izquierda ganó acompañar a Petro con más de 800.000 votos, también una votación sin precedentes.

Los sectores productivos, económicos y de fuerzas políticas de derecha reconocieron el triunfo, le desearon suerte, no sin antes recordarle a Petro que el país está dividido y la mitad no le respalda, por lo cual piden hacer un esfuerzo por la reconciliación.

El Gobierno petrista tendrá muchos retos en su mandato, empezando por el cambio del modelo económico, la implementación del Acuerdo de Paz, la reapertura de las relaciones con el Gobierno de Venezuela y, en general, un cambio histórico para el país. Más de once millones de votos, de los 22 millones depositados y sin terminar el escrutinio, la izquierda obtiene un triunfo que indica que el país ha marcado una raya y desea el cambio. Recomponer la confianza, cerrar heridas y pensar en unidad será el reto colectivo.