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Mujeres y su rol en el narcotráfico en LATAM.

La reciente detención en Honduras de Herlinda Bobadilla provocó multitud de preguntas sobre quién era esta mujer de 61 años que, presuntamente, se había convertido en líder de uno de los principales carteles de droga de Centroamérica.

Muy poco se sabía públicamente sobre “la Chinda”, pese a ser considerada jefa de un clan al que se le acusa de despachar toneladas de cocaína mediante nexos con carteles mexicanos y colombianos hacia Estados Unidos, país que ofrecía incluso una recompensa de US$5 millones por información que llevara a su captura.

Su historia, al igual que la de muchas mujeres narcotraficantes de alta jerarquía en carteles de América Latina, pasan mucho más desapercibidas para el mundo e, incluso a veces, para las propias autoridades que las investigan.

El rol de las mujeres en el crimen organizado se presenta generalmente ante la opinión pública como el de la pareja o familiar del líder narco que realmente controla el negocio. O como una persona que hereda de manera casi involuntaria y obligada esa tarea una vez que el hombre es detenido.

Pero ¿es siempre así? ¿Cuáles son los roles reales de las mujeres en el crimen organizado? ¿Realmente se sabe tan poco de ellas porque ocupan puestos de menor poder, o influyen otros factores? ¿Quiénes son estas mujeres tan poco conocidas?

La intención criminal no es exclusiva de los hombres, ellas tienen la misma capacidad de manejar armas de fuego y de ser autoras de crímenes.

Pero siempre se dibuja a las mujeres como víctimas, como que lo hicimos porque el marido nos obligó. Lo cual, a medida que investigaba, me parecía más bien el deseo que el mundo tiene de ver a las mujeres así.

Hay un choque muy fuerte en América Latina, y México en especial, entre esa imagen clásica de “mamá” y la de una mujer que anda matando y engañando. Como que no quieren ver esa parte de la mujer porque les cuesta, y lo entiendo. Por definición, el narcotraficante es masculino, y los ejemplos que vemos en los medios confirman esa idea.

No sé por qué existe esa idea de que las mujeres no quieren poder y estatus. Eso es un mito.

Igual que los hombres, las mujeres se dedican a esto porque quieren el poder, el dinero… Muchas me dijeron que les gustaba la adrenalina que llega cuando una toma el riesgo de meterse en este mundo. Pocas lo hacen porque tenían una pistola en la cabeza.

En las zonas donde vivían, en una cultura súper machista donde ellas tienen aún más desafíos para triunfar, la violencia es como uno se gana el respeto.

Es en esos ambientes donde algunas brincan las expectativas que se tienen sobre ellas y luchan por dominar a la gente, como han visto hacerlo a los hombres durante años.

Algunos expertos sostienen que algunas mujeres ocupan estos puestos una vez que sus maridos son detenidos y ante la idea de que no saben hacer otra cosa para salir adelante.

De algunas sí debemos recordar que vivían en zonas de Centroamérica con muchísima pobreza y donde el flujo de cocaína es constante, así que les supone una gran tentación como negocio de “dinero fácil” en comparación con lo que podrían ganar trabajando toda la vida en otra cosa.

Entonces sí, algunas de estas mujeres querían sacar a sus hijos adelante, pero también querían un carro y lujos.

Varias eran de clase media, Luz Fajardo estudiaba Derecho… Ellas no eran mujeres con recursos tan limitados sin más opción que meterse al narco. Lo hicieron porque quisieron, no fue obligación. Si realmente no quieres meterte en esto, buscas otra cosa.