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Muere la mezzosoprano Teresa Berganza a los 89 años

Mi infancia y mi juventud están marcadas por la sucesión de los hechos más trágicos de nuestro siglo: las guerras. La guerra civil española. la segunda guerra curopea, la postguerra o guerra fría, fueron acontecimientos que pudieron influir en mi joven vida dejando en ella una visión pesimista de la existencia y del mundo: odio, rivalidad, destrucción y muerte. Pero hubo siempre junto a mí una noble figura que cuidó de entregarme otra visión del mundo: optimista, bella, esperanzadora.

Fue mi padre. De su mano y en sus brazos pasé innumerables horas en la contemplación de las obras del Museo del Prado, en mi Madrid natal. Madrid, que mis ojos de niña ven todavía envuelto en una aura de hermosura y grandeza, guardaba para mí -junto a aquella figura venerable- el germen de mi vocación artística».

Con estas palabras comenzaba Teresa Berganza su libro ‘Flor de soledad y silencio’.

La mezzosoprano, una de las más grandes cantantes de ópera de nuestro tiempo, ha fallecido a los 89 años. Su hijo Javier lo anunciaba así: «Ha fallecido mi madre esta mañana. Por deseo de Teresa no habrá tanatorio ni entierro público. Estoy seguro de lo lo sentís y lo entendéis».

Teresa Berganza tenía un privilegiado refugio con vistas a la fachada del Monasterio de El Escorial, del que era vecina. No perdió con los años su carácter vehemente ni su independencia, y cualquier conversación con ella seguía siendo un gozoso torrente de recuerdos y convicciones. En los últimos años, su actividad -cuando la salud se lo permitía- eran las clases. «Me encanta estar con los chicos jóvenes. Cuando estoy con la gente mayor o de mediana edad, siempre se escuchan los mismos problemas. Te cuentan problemas, tristezas… Es lógico, pero a mi me gusta más hablar de otras cosas. Me gusta hablar de música, me gusta mucho que me hablen de literatura cuando saben más que yo. Me gusta hablar de pintura… Me gusta hablar de lo que he sido».