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Muere Ivan Reitman, director de Cazafantamas y descubridor de Bill Murray

A Reitman también se le podría ubicar por sus propias obras. Cazafantasmas, El pelotón chiflado y Los albóndigas, todas dirigidas por el cineasta, fueron el molde de la comedia popular de los años 80. Sus películas más importantes trataban de perdedores, de tipos colgados y más bien pintorescos, que escondían secretos afanes románticos y trataban de salir adelante en un mundo que había renegado de los idealismos de los años 70 y se entregaba a nuevas formas de autoindulgencia. Y en ese choque entre un mundo estúpido y el perdedor que descubría su fondo de nobleza se daban las situaciones cómicas. No es extraño que, con ese modelo, Reitman fuese el cineasta que impulsó la carrera de Bill Murray.

Hubo un “antes de” ese momento de éxito de los años 80. Cannibal Girls (1973), la primera película de Reitman, fue un ejemplo casi amateur alegre terror setentero. Meatballs, de 1979, ya presentaba a Reitman dentro del sistema de Hollywood, a bordo de una comedia de campamento. Un coro de haraganes, pasotas, salidos, frescos, reprimidos y chicas desinhibidas se enfrentaban al mundo de los adultos a base de insumisión e ironía. Murray disfrutó en aquella comedia de su primer papel protagonista.

Más o menos ése era el mismo esquema de El pelotón chiflado (1981), que llevaba al mismo tipo de personajes del campamento de verano al ejército. Harold Ramis, otro actor hecho para las historias de Reitman, acompañaba a Murray junto a Sean Young, la replicante de Blade Runner. Su éxito fue la clave que puso al cineasta al frente de su gran obra, Cazafantasmas (1984), uno de los éxitos más colosales de la era de los multicines. Ramis y Murray compartían cartel con Dan Aykrod y Sigourney Weaver y con un montón de efectos especiales que hoy nos parecen encantadores por antiguos pero que en ese momento eran una virguería.