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Machu Picchu no debería llamarse así; historia de un error con más de 100 años.

Toda una retahíla de récords para el antiguo poblado incaico inmerso en un impresionante paisaje montañoso a 2.430 metros de altura en la vertiente oriental de los Andes. Pero tras siglos de poderío y belleza, y cuando pensábamos que lo sabíamos todo de él, se descubre una novedad: su nombre es un error. Se llama Machu Picchu (“monte viejo” en quechua), pero en realidad debería ser todo lo contrario: Huayna Picchu. O “montaña joven” en dicha lengua. Sin embargo, esta última se refiere en debería ser todo lo contrario: Huayna Picchu. O “montaña joven” en dicha lengua. Sin embargo, esta última se refiere en la actualidad a otra cumbre instalada justo detrás de la célebre ciudadela.

Es (oficialmente) uno de los 10 destinos más visitados del mundo junto a las pirámides de Egipto, la Torre Eiffel parisina o el Taj Mahal indio, según datos de la propia Organización Mundial del Turismo. Si hablamos de Sudamérica, este año ha vuelto a ser elegido por cuarto año consecutivo el mejor enclave turístico en los World Travel Awards, los Oscar del sector viajero a nivel internacional. Por algo recibió casi un millón de visitantes durante la primera mitad de 2019, el año anterior a la pandemia. El monumento peruano, uno de los más famosos y visitados del mundo, tiene un nombre equivocado. Su apelativo hace referencia a Monte Viejo, cuando en realidad debería ser Montaña Joven. El monumento que nos ocupa, el Machu Picchu peruano, también figura entre los 55 más bellos del planeta, de acuerdo a la lista que cada año elabora la revista especializada Travel + Leisure. Y forma parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad de la Unesco desde 1983. Por si todo esto fuera poco, es una de la siete maravillas del mundo moderno. oco, es una de la siete maravillas del mundo moderno.

INVESTIGACIONES ANCESTRALES

El fallo se remonta al descubrimiento del monumento peruano en 1911, cuando el explorador estadounidense Hiram Bingham se refirió por primera vez a él pidiendo a un local que anotara su nombre en su diario de trabajo. Se cree que éste, Melchor Arteaga, escribió “Macho Pischo”, aunque Hiram lo pronunció como Picchu. Y así se quedó para la posteridad. Ahora, sin embargo, la Universidad de Illinois Chicago (UIC) ha dado un vuelco a la Historia con un nuevo informe. Según éste, en ningún momento aparece escrito en esas primeras notas de campo que el enclave se llamara Monte Viejo, ya que realmente los incas se referían al lugar por el nombre de la cumbre más cercana (Huayna Pichu) y no la más alta (Machu Picchu). Es la conclusión a la que han llegado el investigador Amado Gonzales, del Ministerio de Cultura de Perú (Cusco), y el arqueólogo Brian S. Bauer, profesor de Antropología de la UIC, según han descrito en un artículo de la revista científica Ñawpa Pacha: Journal of Andean Archaeology.

En dicha investigación, Bauer asegura que “hay datos significativos que proponen que la ciudad inca se llamaba realmente Picchu o, más probablemente, Huayna Picchu”, como señala la UIC en un comunicado. En su opinión, a Bingham se le dijo que este último era su nombre, pero el estadounidense no lo interpretó bien al expresarlo verbalmente.

ANTES DEL DESCUBRIMIENTO

Es más, los investigadores aseguran que las ruinas de la ciudad ya aparecen en un atlas en 1904, siete años antes del redescubrimiento. Cuando Bingham se propone seguir su huella, ya se llamaba Huayna Pichu. No en vano, según Bauer, el nombre original se puede observar incluso en los relatos escritos por los conquistadores españoles alrededor del XVI, un siglo después de su supuesta construcción. “Comenzamos con la incertidumbre del nombre de las ruinas cuando Bingham las visitó por primera vez y luego revisamos varios mapas y atlas impresos antes de su visita”, dice Bauer en el comunicado de la universidad norteamericana.

La reinterpretación fonética de Bingham trastocó el apelativo. De esta forma, Huayna Picchu es, como apuntábamos al principio, el nombre del pico de la montaña que está justo detrás de la ciudadela inca, cuando no debería ser así. El error se ha mantenido lustro tras lustro, pese a que en los años 90 algunos expertos en arqueología ya lo cuestionaron. No se les hizo caso.