Mes patrio: ¿el mes de los “malacopa”?

En este mes patrio, ingerir alcohol es una de las actividades sociales más comunes de todos los mexicanos. Y aunque a algunos no les parezca atractivo o sólo lo hagan eventualmente, lo cierto es que la mayoría disfruta de un par de copas.

En este sentido, beber alcohol no resulta una actividad dañina ni perjudicial, sin embargo, llega a serlo cuando se hace en exceso y sin medir los daños que puedan causar, tanto a la persona que lo hace, como a sus allegados.

Y es justo aquí, donde se genera la categoría en la que entran los y las llamadas “mala copa”: aquellas personas que, tras haber bebido una o varias porciones de una bebida alcohólica, pierden el control en su comportamiento y se tornan imprudentes. Los malacopas pueden identificarse fácilmente:

Cometen actos peligrosos, se tornan agresivos al grado del insulto, la provocación y la pelea, y por supuesto, algunas veces también pueden ser extremadamente llorones o incómodamente sexosos.

Cuando se es “mala copa”, lo mejor es dejar de beber por un tiempo hasta que se tenga dominio de los efectos del alcohol o simplemente dejar de hacerlo para siempre. Todos hemos sido testigos de alguna persona con estos comportamientos a lo largo de nuestras vidas, y la verdad, no es nada agradable para la vista.

Por eso vale la pena preguntarse: ¿por qué hay personas que se transforman cuando toman alcohol? ¿Por qué alguien puede llegar a ser muy distinto a lo que es normalmente cuando toma unas copas de más?

Expertos indican que la ingestión de alcohol y de otras sustancias similares, impacta en la química cerebral de tal modo que la persona que sufre estos efectos debilita sus mecanismos de represión; ¡los que alertan sobre lo conveniente y lo imprudente!

Pero, ¿qué ocurre exactamente? Cómo pasas de ser un angel pasivo, a un malacopa nivel Dios? ¡Te lo explicamos!

Después de la primera copa, viene un estado de relajación, en la segunda, algo de euforia y desinhibición, y a partir de la tercera, los mecanismos de defensa toman una siesta y es cuando se producen los episodios vergonzosos, aquellos que convierten a cualquier individuo  en “mala copa”.

A pesar de todos estos indicios, no hay uno claro que determine si la persona es o no de “malos tragos”. El alcohol no es responsable, es la persona que no sabe controlarse o simplemente tiene una gran represión de su propia personalidad.

A mayor negación de la propia naturaleza, o mayor impostura de ocultar un yo que se rechaza, mayor será el ridículo, la imprudencia y lo inadecuado del comportamiento cuando se bebe.

Y por supuesto, también dependerá de la postura de la persona si bebe alcohol para disfrutar, o el alcohol lo bebe a él para refugiarse del mundo real.