Tras el fuerte sismo que sacudió Guerrero a inicios de enero, el Aeropuerto Internacional de Acapulco registró daños visibles en la torre de control, especialmente en los acabados interiores como plafones que se desprendieron durante el movimiento telúrico, aunque no se interrumpió la seguridad de las operaciones ni hubo heridos entre el personal. Estas afectaciones también se hicieron evidentes en la terminal comercial del aeropuerto, lo que obligó a realizar revisiones exhaustivas de la infraestructura antes de la reactivación gradual de los vuelos comerciales. 
Frente a esta situación, el Sindicato Nacional de Controladores de Tránsito Aéreo (Sinacta) ha planteado la necesidad de modernizar y adecuar la torre de control, con el objetivo de reforzar la protección de los equipos tecnológicos críticos y prevenir consecuencias mayores en futuros eventos sísmicos o de otro tipo. El sindicato subraya que una infraestructura robusta es clave para garantizar la vigilancia eficiente del espacio aéreo y la seguridad de miles de pasajeros que transitan por este importante punto turístico y estratégico. 
Además, las autoridades aeronáuticas, incluidos organismos como la Agencia Federal de Aviación Civil, han reconocido los daños y trabajan en conjunto con los operadores del aeropuerto para continuar con las labores de revisión y mantenimiento. Esta coordinación apunta no solo a restablecer la normalidad operativa, sino también a impulsar mejoras estructurales que fortalezcan la resiliencia de las instalaciones frente a futuros sismos.
