“Esta invención producirá olvido en quienes la aprendan, porque no ejercitarán la memoria: confiarán en lo externo, no en sí mismos”. Estas palabras no son de un neurocientífico hablando de la inteligencia artificial, ni de un político regulando las redes sociales. Son de Thamus, rey de Egipto, que hace 2300 años, en el ‘Fedro’ de Platón, defendía que toda tecnología que ayudaba a recordar acaba debilitando.
Hablaba, por supuesto, de la escritura. Pero, curiosamente, los argumentos son tan actuales y pertinentes que podrían haberse enunciado hoy en día: prohibiendo las redes sociales, por ejemplo. Y esto es lo interesante.
¿Cuál era el argumento de Platón? La cita, como digo, es del final del Fedro. Allí aparece el llamado ‘mito de Theuth y Thamus’: el dios Theuth presenta la escritura como una tecnología fantástica que mejoraría la memoria y Thamus, a la contra, le responde que lo que mejorará es el olvido.
Aunque normalmente se trae a colación en el contexto de las disputas clásicas en torno a si la escritura es buena o mala, lo cierto es que el argumento del bueno de Platón es un poco más sutil: lo que le interesa confrontar más bien es la diferencia entre el conocimiento interiorizado y práctico, por un lado; y el conocimiento que aún estando disponible fácilmente (gracias a la escritura) no ha dejado huella en el sujeto.
Es decir, Platón no impugnando la escritura. Estaba, más bien, describiendo un patrón: cada tecnología cognitiva reconfigura las habilidades que practicamos y las que no (y, por tanto, dejamos atrofiar).
‘Cognitive offloading’. Ese es el ‘palabro’ que, desde cierto ámbitos de la ciencia cognitiva, se usa para descargar trabajo mental. Pueden ser usando notas, listas de tareas, calendarios, GPSs o buscadores… da un poco igual, el fenómenos es muy parecido al que comentaba Platón.
La evidencia disponible nos dice que, en efecto, hay un trade-off: usar estos sistemas mejora el rendimiento inmediato (como defendía Theuth), pero puede reducir el aprendizaje profundo (como sostenía de Thamus).
Y tiene sentido. Cuando sabemos que algo estará accesible, la tendencia es memorizar menos su contenido y dedicar esos recursos a memorizar dónde encontrarlo. O sea, cambia lo que hacemos con esos recursos que tenemos para tratar de que su uso sea lo más eficiente posible. De hecho, de la misma manera que tenemos que reconocer que eso tiene problemas (sobre todo, con contenidos que son importantes de base), pero también tiene beneficios.
Esa ‘liberación de recursos’ nos permite, por ejemplo, aprender cosas nuevas.
