La misión Artemis II, que tiene como objetivo volver a sobrevolar la Luna, no tuvo la mejor de las suertes en sus ensayos antes del lanzamiento por culpa del combustible y una fuga de hidrógeno. Pero ahora la NASA puede respirar tranquila, puesto que el segundo ensayo general con combustible del gigantesco cohete SLS ha sido un éxito rotundo y abre el camino para que la humanidad vuelva a la Luna medio siglo después.
Sin dudas. Entre el 19 y el 20 de febrero de 2026, los ingenieros de la agencia espacial estadounidense lograron completar la secuencia de carga de propelentes sin incidentes graves, deteniendo la cuenta atrás exactamente en el momento previsto: T-29 segundos. Atrás quedan las dudas sobre el equipo de ingenieros y se abre una ventana de lanzamiento inminente que podría arrancar desde el próximo 6 de marzo.
Dominar el hidrógeno. Llenar un cohete de 98 metros de altura con más de 2,6 millones de litros de combustible supercongelado no es tarea fácil en la práctica. Es por ello que en la prueba anterior, realizada el pasado 3 de febrero, vimos cómo se tuvo que abortar cuando el reloj marcaba T-5:15. Y el culpable no fue otro que el viejo enemigo de la NASA: las fugas de hidrógeno líquido.
Hay que tener en cuenta aquí el hidrógeno líquido es un propulsor excepcionalmente eficiente, pero tremendamente escurridizo, ya que requiere temperaturas criogénicas de -253 °C. Esta temperatura tan extrema provoca que los materiales se contraigan en el cohete, facilitando los escapes y aumentando los riesgos de seguridad para la tripulación. Aunque esto mismo es lo que se encontró la NASA durante la misión Artemis 1 en 2022.
