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La terminología de los millenials ya está siendo sustituida por la de la generación Z

El scroll infinito, las redes sociales y la IA ha hecho que nuestra atención sea un bien escaso demasiado valioso como para ir repartiéndolo alegremente en contenidos sin sustancia. Los millennials se acostumbraron a pedir resúmenes rápidos con el término “TL;DR” (Too Long; Didn’t Read). El resumen: mucho texto.

La generación Z, transgresora y acorralada por la IA, ha encontrado otra forma de filtrar lo que merece o no su atención. Si un contenido parece generado por IA, se despacha con solo cinco caracteres: “AI;DR” (AI, didn’t read). Esta etiqueta se usa para marcar contenido que se percibe como “slop”. Relleno generado con IA que hace perder el tiempo sin aportar un valor real.

Detrás de esta etiqueta hay hartazgo, pero también una forma de defender algo tan básico como querer leer a personas que se han tomado la molestia de escribir un texto.

De “demasiado largo” a “demasiado artificial”
Tony “Sid” Sundharam, cofundador de la app Sink It, definía en su blog la esencia del nuevo término: “Para mí, escribir es la ventana más directa a cómo alguien piensa, percibe y comprende el mundo”. Para una parte creciente de jóvenes, delegar esa ventana de humanidad en una IA rompe el pacto de honestidad entre quien escribe y quien lee.

De fondo que da latente una idea mucho más potente: “¿Por qué debería molestarme en leer algo que a otro no le interesa escribir?”.

“TL;DR” nació, como hacen los memes en internet, como una broma interna de foros y redes. Una forma de admitir que se había superado el balance esfuerzo-recompensa. El texto era demasiado largo para dedicarle tiempo. Con el tiempo se convirtió en una especie de guiño generacional: había mucha información, poco tiempo y una paciencia limitada para los bloques de texto infinitos.

“AI;DR” reutiliza esa misma estructura, pero cambia el paradigma. Ahora el problema ya no es la longitud (o al menos no es el motivo principal), ahora el problema es el origen del contenido.

La idea no es que el texto sea extenso, sino que parezca generado por una IA, sin voz propia, sentido crítico ni experiencia detrás. Cuando alguien etiqueta así un texto, no está pidiendo un resumen. Está diciendo que ni siquiera vale la pena empezar a leerlo.

Hace unos días, mi compañero Javier Lacort, contaba que la IA nos está condicionando a buscar el botón “resumir” en todos los contenidos para ahorrar tiempo, privándonos así del lujo de disfrutar de una lectura en toda su extensión, con sus matices y sus lecturas entre líneas. Puede que la IA sea más eficiente ahorrando tiempo de lectura, pero se cobra el peaje de la esencia del mensaje.