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Cáncer infantil : la amenaza de un monstruo silencioso

El cáncer infantil es una enfermedad que cada día gana más terreno a nivel nacional. Suele aparecer repentina y silenciosamente, motivo por el cual en algunos casos, su detección es tardía y el mal ya está muy avanzado, lo que complica la atención y reduce las expectativas de superarlo.

De acuerdo al Instituto Mexicano del Seguro Social, el cáncer infantil engloba numerosas tumoraciones o enfermedades, caracterizadas por el desarrollo de células anormales que se dividen, crecen y se esparcen sin control en cualquier parte del cuerpo, y que aparece en cualquier momento de la niñez y la adolescencia.

Cifras del Centro Nacional para la Salud de la Infancia y Adolescencia (Censia), en nuestro país esta enfermedad constituye la segunda causa de muerte y la primera por enfermedad en niños de cinco a 14 años de edad; cada año mueren más de dos mil infantes por esta causa.

El cáncer infantil puede ocurrir repentinamente, sin síntomas tempranos, y tiene una alta tasa de curación. Son enfermedades de aparición y crecimiento rápido en pacientes previamente sanos, y los tipos más comunes son: leucemias; retinoblastoma; tumores renales, hepáticos, óseos, cerebrales y germinales; rabdomiosarcomas; tumores del sistema nervioso simpático; sarcomas de tejidos blandos; linfomas; tumor de Wilms; neuroblastomas e histiocitosis.

La mayoría de sus orígenes obedecen a mutaciones aleatorias en los genes de células en proceso de crecimiento, pero también hay factores predisponentes que pueden acelerar algún proceso oncológico, como son los físicos, químicos y biológicos, tal como la exposición a radiación nuclear, a algunos compuestos químicos derivados del benceno, principalmente en personas que viven en zonas rurales agrícolas, en particular aquellas que están expuestas a pesticidas.

El cáncer es una enfermedad curable si se detecta a tiempo; un diagnóstico oportuno y su correcto manejo pueden mejorar el pronóstico del niño y aumentar las posibilidades de superarla.

Aunque pueden confundirse con los de una enfermedad viral, es importante prestar atención ante la aparición de los siguientes síntomas:

  • Fiebre, pérdida de peso y apetito, palidez, fatiga, sangrados o moretones de fácil aparición, persistentes e inexplicables.
  • Bultos en abdomen, pelvis, cuello y cabeza, extremidades, testículos, ganglios.
  • Dolor en huesos, articulaciones, espalda y fracturas fáciles.
  • Manchita blanca en el ojo, estrabismo, ceguera o pérdida de visión, protuberancia del globo ocular.
  • Signos neurológicos como cambios de conducta, trastornos de equilibrio, marcha, dolor de cabeza, agrandamiento de la cabeza.
  • Vómitos por la mañana, estados febriles recurrentes no relacionados con infecciones.