Impulsa Semahn divulgación científica sobre el ámbar

El ámbar es conocido por ser utilizado en joyería, sin embargo, su importancia y valor reside en la historia que encierra cada pieza, explicó Gerardo Carbot Chanona, investigador de la Secretaría de Medio Ambiente e Historia Natural (Semahn), a través de la página GeoXplora.
En la ponencia denominada “¿Qué onda con el ámbar?”, Carbot Chanona sostuvo que el ámbar es una resina fósil, no una piedra, es decir, en su estructura no está presente ningún tipo de mineral, lo que lo hace un fósil único. El ámbar, dijo, fue producido por dos tipos de árboles, Hymenaea mexicana e Hymenaea allendis.
“La resina sirve al árbol para sellar daños en su estructura. Por ejemplo, si una rama se rompe o su corteza se desgaja, surge la resina que va atrapando hojas, insectos y demás cosas, mientras se escurre por el tronco y endurece con el tiempo”, comentó Gerardo Carbot.
El investigador explicó que la acumulación de sedimentos, con el paso de miles de años, producía altas temperaturas y la presión ejercida por el peso de los mismos, cambiaba la estructura molecular de la resina, provocando que se evaporara el agua y además detenían la oxidación; esto también favorecía la conservación de los organismos atrapados en ella, prácticamente momificándolos y permitiendo estructuras muy bien conservadas.
En el ámbar podemos encontrar arañas, cochinillas, mosquitos e insectos, además de restos de plantas que existieron en Chiapas hace millones de años, ya que la edad del ámbar está establecida en el Mioceno temprano, es decir, entre 22.8 y 23 millones de años.
El investigador Gerardo Carbot compartió algunos datos de sus hallazgos y publicaciones, entre ellas destaca la rana fosilizada en ámbar en el año 2006, que por su rareza fue una noticia que dio la vuelta al mundo. Sin embargo, esta rana, así como algunos otros vertebrados, como lagartijas del género Anolis son parte de colecciones privadas.